Estamos todos locos por volver a nuestras rutinas cuanto antes, por recuperar nuestras vidas pre-pandemia con los ritmos rápidos, los conforts a los que estábamos acostumbrados, la vida social intensa y las cervecitas en el bar.

Yo soy parte de esta categoría de nostálgicos. Sufro mucho por estar lejos de mis amigos, por la falta de vida social por no poder tomarme un vinito con alguien…he intentado reinventarme y crear una nueva realidad virtual, pero echo seguramente en falta algunos aspectos de mi vida cotidiana de antes.

Sin embargo, creo que todo el mundo tendría que reflexionar un poco sobre los orígenes de esta pandemia y nuestra relación con la naturaleza. Desde hace años miembros destacados de la comunidad científica, entre los que hay el UNEP, el programa medioambiental de Naciones Unidas, denunciaban las olas cada vez más frecuentes de zoonosis, o sea las enfermedades propias de animales que incidentalmente pueden comunicarse a las personas. Ya hemos tenido varios ejemplos de zoonosis: Ebola, Sars, Fiebre suina (H1N1), Zika, fiebre del Nilo, Mers y, obviamente, Coronavirus-19.

En seguida fue muy fácil señalar a los wet markets chinos como origen de la actual pandemia. Ahí los animales salvajes, de hecho, son matados y vendidos juntos con el ganado normal, sin respectar las más elementales normas de higiénicas. Sin embargo la realidad, que nos guste o no, va mucho más allá de esta simplificación del problema y no saldremos de esta con el cierre de los mercados locales chinos.

La zoonosis, de hecho, es también consecuencia directa de la destrucción de los ecosistemas para aprovechar los recursos naturales, de la creación de macrogranjas llamados landless systems en los que el ganado está hacinado en espacios cerrados, que son caldo de cultivo por el desarrollo y la difusión de virus de origen animal. La destrucción del territorio en el que viven los animales salvajes y la pérdida de biodiversidad son la causa principal de la caída de barreras que la naturaleza pone para limitar la difusión de estas enfermedades. Para no hablar del calentamiento global que está llevando al derretimiento del permafrost, del que podría desencadenarse la difusión de virus desconocidos.

Ahora que por fin el coronavirus nos ha hecho entender la conexión entre todos estos procesos, sería bueno que no quisiéramos volver a la normalidad porque justamente

la normalidad era el problema

A lo mejor cuando Greta Thunberg nos avisaba del hecho que nuestra propia supervivencia estaba en peligro la cosa nos parecía tan lejana e irreal que muchos se encogían de hombros y le tomaban el pelo por sus discursos dramáticos. Ahora que por fin todo nuestro estilo de vida ha sido borrado de un plumazo, que nuestra cotidianidad se ha ido por el retrete y que nos movemos en una realidad desconocida y amenazante, entonces a lo mejor entenderemos que nuestras acciones tienen un peso y tomaremos consciencia de que somos todos parte de un ecosistema muy frágil en el que tenemos que aprender a vivir en armonía.

Imagen de portada de Martina Garcia Andreoli

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