Creo que sería mejor dejar de repetir frases como que el Coronavirus nos hará mejores personas. Pensar que un factor externo, sea positivo o negativo, hará que todo el mundo sea más bueno, generoso, empático o solidario es una soberana estupidez.

Por favor, no me malinterpretéis, es verdad que durante una crisis algunos de nosotros sacan lo mejor de sí, desarrollan la creatividad, transforman una empresa en números rojos en un negocio próspero, actúan de forma solidaria, sienten aflorar emociones que ya estaban olvidadas.

Sin embargo, esto no es un proceso automático que involucra a todos los seres humanos. Quién ha elegido este recorrido, de hecho, ya sentía dentro de sí la necesidad y la capacidad de cambiar, de ser mejor persona, de sacar algunas facetas maravillosas de su personalidad que estaban escondidas. Otros, han simplemente perfeccionado su egoísmo y su pequeñez. En cada momento de crisis hay héroes que arriesgan su vida para los demás y villanos, que especulan sobre el sufrimiento del prójimo.

La evolución personal se basa en el trabajo de cada uno de nosotros, en el esfuerzo cotidiano para ser mejor persona. Nacimos con un equipaje genético, se nos dio una educación y una cultura, pero lo que hacemos con eso depende de nosotros. No podemos esperar que todo el mundo se ocupe del ambiente porque quien no lo consideraba un tema urgente antes del Coronavirus, no lo pondrá entre sus prioridades ahora.

No obstante, sé que algunos de nosotros han abierto definitivamente los ojos con la sacudida de los últimos meses y sienten la necesidad de vivir en un mundo mejor. Este mensaje es para ellos:

Cultivad la amabilidad, la solidaridad, el amor por el medioambiente, el deseo de vivir en una sociedad justa en las que no hay grandes diferencias sociales y donde el Estado está al servicio de todos.

Empezad por vosotros mismos porque como es adentro, es afuera: lo que tenemos en el alma se refleja en la sociedad en la que vivimos.

¡Trabajad en vuestra consciencia y expandidla! Aprended a amaros a vosotros mismos y, en consecuencia a los demás, a aceptaros y aceptar a los demás con todos sus defectos, hablad de igualdad, ética, valores morales y solidaridad. No perdáis tiempo con los rabiosos, ellos no son parte de vuestro camino. Volved a empezar centrándoos en vosotros y no perdáis la fe: si mejora uno, mejoramos todos.

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